jueves, 23 de julio de 2009

08 ¿Y de nuestros gustos?

Cada uno de nosotros, tenemos la creencia de conocernos a nosotros mismos, esto no es del todo errado, sin embargo, es cierto que rechazamos el conocimiento de nosotros mismos y lo cubrimos con una pasta de apariencia.
Normalmente no nos agrada todo lo que sabemos de nosotros, hay ocasiones en que es penoso aceptar que nos gustan las cumbias si me desarrollo en un ambiente pretencioso en el que solo se habla de viajes, adquisiciones materiales y conocidos con nombres rimbombantes de los que desconocemos su real origen.
También podemos avergonzarnos de apellidarnos “Pérez”, o cualquiera de estos comunes en nuestro país, al grado de buscar cuando nos convertimos en padres, nombres no solo raros sino impronunciables, cayendo en un ridículo al que arrastramos sin alternativa a nuestros hijos; lo mas hilarante de esto, es que estas personas, en su mayoría jóvenes que ignoraban el uso de un condón y hasta su existencia, leen en libros del metro, los significados de dichos nombres extraños y por cierto extranjeros, no alcanzan a darse cuenta, que nombres con significado era una costumbre ancestral de nuestras razas indígenas y precolombinas, de las cuales hasta sienten vergüenza.
Nos da pena salir con hombres o mujeres feas, gordos, con pobretones sin auto, o incluso con los que sentimos inferiores a nosotros, esto es generalizado y aplicado para hombre o mujer, y está expuesto sobre todo en primeras y segundas impresiones, aunque es cierto que existe demasiada superficialidad en la sociedad, que es capaz de no permitir, a alguna persona, aceptar a otra pese a que la segunda haya vencido las barreras de la indiferencia de la primera.
Los prejuicios individuales, son una barrera que instala cada individuo en si mismo, pensando en los demás, la sobrevaloración que el “ser” establece a su círculo, lo coloca por debajo de ellos, para cargarlos como un peso insostenible, como una carga innecesaria, pero tan pesada, que termina por reventar al “ser” en varios fragmentos, psicológicos, sentimentales, morales, que hacen que cada uno pierda su propia identidad.
No entiendo cual es la necesidad física y mental, de que esto suceda, nuestra propia vergüenza, de nosotros mismos, nos arrastra a dejar pasar la vida y los momentos que hacen la maravilla de vivir, nos cegamos y cerramos a compartir y a comprender, por una insólita necedad de complacencia a terceros, es posible que yo esté equivocado, que yo este mal, pero si así fuera, porque afuera hay tantos seres frustrados, porque hay tantos avaros encerrados en oficinas, porque hay matrimonios sin amor ni deseo, porque hay clases sociales, porque hay arrepentimientos. Porque yo que fui rechazado tantas veces, ahora tardíamente, me han buscado para enterarme del error del rechazo y pedirme enmendar lo irreparable.
No, yo afirmo que algo está mal en el mundo, o tu qué piensas, ¿Qué está mal, yo, tú o el mundo?

Nota: este texto es de la autoría de Luis Fernando Espinosa Hernández, basado en sus propios conocimientos y estudios filosóficos, sociales, históricos, naturales, experiencia propia y análisis de campo de la interacción social. Esta reservado el derecho de autor y la presente publicación vía internet, otorga una protección a los derechos del autor.

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