sábado, 5 de septiembre de 2009

12. Cambios.

Cuando todo lo que odiabas se convierte en lo que te apasiona.
Cuando lo que amabas se convierte en dolor.
Cuando lo que colmaba tu vida se ve abajo de ti.
Cuando lo que hacia feliz tu vida sigue creciendo.

Es hora de volver a abrir los ojos.
Llego el tiempo de volver a manosear tu alma.
Se puede ver a todos lados, contento, triste o molesto.
Notas que si has seguido todo su cambio y sus sonrisas.

Porque viste en tus adentros arder más que tu carne, tu odio.
Porque lograste desgarrar con uñas mas que tu espíritu.
Porque soportaste sin amarres los tirones y raspones del viento.
Porque aguantaste ver entre las lagrimas esa distancia necesaria.

Entonces, mereces arder de azul y verde nuevo por dentro.
Entonces te es justo volver a odiar como necesidad banal.
Entonces puedes dejar de pisar cabezas y arrastrarte con gracia.
Entonces ameritaste esa alegría que da el fin del calvario.

Me voy atado a mí y libre de los demás.
Asesinada mi vergüenza, superada mi vanidad
engrandecida mi persona con la virtud de sobrevivir al ideal.
No gane genialidad en mi, ni decrecí mi mortalidad.

Renuncie a la prebenda de mi dignidad, orbite en mis propias sanciones,
hasta que amaneció en mi intimidad.
El nuevo ideal, mi nueva mediocridad y mis hoy menos amigos,
disminuidos en la dificultad de mi espíritu.

Solo me resta compartirles algo de lo que alguna vez leí,
“Ser tonto, egoísta y tener una buena salud, son los condiciones para ser feliz.
Pero si les falta el primero, todo está perdido”.
Gracias a ustedes por ponerme en el buen camino.

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