sábado, 7 de noviembre de 2009

31. Negro casi oscuro.

En mis manos se reventó la inestable burbuja de mi vida inflada, ya descolorida.
Cortando por dentro, con filos todo pensamiento, secando las risas de mi cara.
Sangrando negras lagrimas por mi rostro, que volvieron oscuro mi aire y mi entorno.

Se cayó el sol de mi cielo y las brunas bienvenidas, invadieron mi casa.
Se volvió de noche mi vida, con “la tiniebla” girando en mi cabeza. Todo se movía.
Iluminadas de negro mis bardas, ya no brilla nada; todo se absorbe, todo es mate.

Girando para desprenderme, cubriré al Sol; volverlo negro por instantes.
Torcería con la cabeza las luces de sus risas, las taparía con dos de mis dedos.
Rompería todos los cristales del cielo, y que nos sepulte la cortina del anochecer.

Que me cubra el aire de polvo negro; que se pierda la dicha y mi blanca materia.
Ráyenme con todos los colores el cuerpo, hasta perderme en este entorno a oscuras.
Grítenme para dejarme sordo, pues todavía veo el brillo de sus falsamente alegres voces.

Lleven mis fragmentos al centro de la galaxia, donde finalmente todo se pinta de vacío.
Quiero desaparecer donde no hay estrellas y la luz inevitablemente se apaga.
Ayúdenme a llegar a eso negro de nosotros; estamos cerca, todo lo veo casi oscuro.

Mis paisajes se tiñeron de negro sin remedio; mi mundo se trasformó de gris a oscuro.
Las fotos de mis recuerdos no las veo; no hay luces, no tienen color, no existe el blanco.
Todo mi ser esta en escombros y mi espíritu coloreo mi mente, de un negro casi oscuro.

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