La depresión maldita perra que me aborda siempre, es mi culpa por siempre buscarla.
La depresión es una hija de su puta madre, es mas puta que La Vega, que Paris y que todas las viejas que conozco, malditas mujeres, pirujas, “prostis”.
Dejara de ser mujer, ella la soledad, y todas son iguales, féminas después de todo; por eso prefiero "el enojo", ese si es “machote” como yo; ojete como el solo, pero fiel y compartido como un buen amigo, que hablando o a chingadazos, libera al final del día.
El orgullo también es chingón; mamón hasta más no poder; solitario y engreído, puede matarte de hambre, pero te obliga a morirte de pie; a mostrar tu fuerza y dejar bien marcada tu presencia en ti, aunque el mundo te catalogue en el “pendejismo”.
No soy “homo” ni soy misógino, no acuso ni critico, no pretendo, ni aseguro; mis palabras son experimentos ya vividos; no salen ni de penumbras, ni son productos o frustraciones; mis pensamientos no son arcanos y la verdad del “genero” me acompaña.
La realidad del hombre no se esconde entre las hormonas; no se desaparece entre las féminas. Si yo quisiera una puta por siempre a mi lado, me quedaría con "la venganza", que en todo y para todo, me da tanto placer, que no me importa compartir a la muy puta.
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