martes 9 de febrero de 2010

37. Por orgullo suicídate.

Y cuando mas cansado estaba de vivir, de mi andar y de penar pensando, apareció la dicha y no la ví; no le abrí la puerta y al decirme quien era, le cerré los ojos y con oídos sordos me volqué sobre mi persona con el odio acumulado y me arranque la vida. Ya no quería la dicha, para que ahora si ya se había pasado mi ventura; mi tiempo casi terminaba bajo la línea trazada de mis pasaos ya cansados deje dibujada culpa y frustración; cada uno de los trazos de ellos, afianzaba en mi espíritu el orgullo con el que dignamente decidí matarme antes de entregarme al placentero destino. Nunca por capricho de otros acepte imposiciones, menos ahora que ayer haría semejante humillación. Porque me “empinaría” o me caería de rodillas ante la migaja que la fortuna honra a su gusto arrojarme. Odio tengo hacia ella, odio tuve hacia mi, pero digno y orgulloso logre enfriar ambos destellos, morí por mi y para mi, no le brinde placer a nadie mas. Viví para mi mismo la última etapa de mi vida, la anterior me deje pisotear, de rodillas camine para los demás y en una charola mi vida la brinde. Al final ya no quedaba mucho de mi, solo el escaso brillo de mi flama decadente; la corta chispa de mi esencia ardiente en un trozo de pabilo que incansable y resistente sobrevivió dignamente al martirio que le di al ofrecer incesantemente y sin derecho su bondad. Erguida y levantada quedo por hoy mi llama y mi alma que siempre brindo sin aceptar ni recibir no importando lo mucho que le ofrecieran. Ayer que casi estaba hundida en la mundana indiferencia, obtuvo fuerza extraterrena para salir de ahí antes del sonar de los clarines tan solo para no escuchar el toque celestial. Huyo del mundo en un suicidio para arrancarme su eternidad de las manos salvadoras. Nunca quise nada y cuando quise no lo tuve; de nuevo, para que me sirve hoy que vivo en muerte; para que lo quería “ayer” si viví enclaustrado en un cansancio frustrante. De nada sirve “todo” cuando hay hastío; para que me ofrece el mundo la dicha si ya no puedo con ella. Que se burle de otro el "Dios abrupto", por que de este mundo yo mismo por orgullo me arranque. Con gran placer y mucho gusto abandono con fuerza y dignidad mi cuerpo-carne, que perfecto me sirvió de filtro absorbiendo golpes; lo acabe por el brutal uso hasta derrochar su sangre, deformado e inservible lo deje, fue como quitarme un traje que me valió de mucho, me fue útil y extrañaré su raro corte, su suave holgura y sobre todo su resistente aguante incluso a las criticas sosas e insensibles. Tirado e inservible ahora lo veo tendido; después de todo, aunque usado y viejo no era feo. Fui un desesperado inconforme, un vanidoso perdido; no tuve la paciencia de esperar por nada, siempre corrí para adelantarme, hasta convertirme en un visionario, planeando mas allá de mi tiempo corrí mas rápido, mucho mas de lo que debí, adelantado estuve por siempre, y, por ir mas rápido que el tiempo mi cuerpo consumí; mi alma confundida perdió fuerza, perdió placer y poco a poco perdió mi luz de vida. Hoy yace al lado de esa puerta la historia no contada de una vida, encerrada entre la carne gorda e inanimada de mi cuerpo. Nunca fui inmundicia, tampoco fui otro perdedor, quise perder en grande, pero termine adelantándome a mi tiempo como siempre por desgracia. Le gane a la parca mis derechos y por mis manos sucumbí; libere una vida limitada por la física y la razón hacia la ventura del pensamiento. Ahora soy libre para volar a la locura y esconderme entre mil burbujas, volar hacia los rayos de colores y perderme en una sola visión. Quiero quedar entero de alma, no dejare que nadie me encuentre; no me encontraron cuando estaba vivo; no me alcanzo ni la muerte, reitero que estuve siempre adelantado mucho mas que unos pasos; tan avanzado siempre fui, que viejo entre jóvenes estuve atrapado por cada momento y en cada instante que revivo en mi recuerdo; sin embargo, hoy estoy libre.
Me libere de barreras y cordones; no tengo mas correas, no habrá nunca mas quien me limite; no volverán a mi las amenazas de deidades, ni existirá mas en mi la culpa, no me torturara la angustia del “casi” o el odiado “a la otra”. Nunca más seré relegado, omitido o marginado. No me pondré al frente ni me retirare al fondo; no me interesare por el cambio ni en la expansión, me contraeré junto al universo y vagare fundido en los neutrinos de cualquier ráfaga de radiación gamma para aniquilar la desagradable masa sólida que los pensamientos vanos de los de mi mundo han expandido en el universo con forma de la indiferente ignorancia de una raza, de la misma que sin pensar adore y sin ser mi culpa pertenecí. Por bienaventurada fortuna y por obra de mi grandiosa mano izquierda finalmente me escape de donde estuve a la fuerza; fui soltando de entre mis dedos mientras huía, las ideas flotantes en la amplitud mi estallado ser. Para lograr un gran final, salir pedante y egocéntricamente yo, hundido en el orgullo de haber podido evadir “a la dicha de vivir” que un tonto día, la maldita felicidad sin pedírselo me quiso dar.

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